
De pronto mi casa se me ha vuelto tan grande... y vacía. Hace poco menos de un mes mi hermana decidió mudarse con mi cuñado y mi sobrino a su propia casa. Y el sábado recién pasado mi abuela decidió despedirse de nosotros...
Luego de más de 5 años de batallar con un cáncer que se había propagado a varios órganos de su cuerpo quiso descansar, y murió a las 18:15 del 10 de Enero 2009. Si me lo preguntan, creo que su hora había llegado hace rato, pero ella nunca se había querido ir... quién sabe por qué razón.
Es curioso, pero solamente la semana pasada conversaba en la hora de almuerzo con un colega sobre que yo jamás tuve grandes problemas en mi vida, ni muerte de familiares cercanos... De hecho, cuando murió mi abuelo paterno no lloré, pues él era solamente el papá de mi papá. Sin embargo ahora... aunque pretenda hacerme la fuerte hay algo dentro de mí que no está tranquilo...
No fui capaz de verla. Al igual que mi hermana chica, no pude acercarme a la urna y mirar dentro... solamente me pasaba por el pasillo del comedor y miraba de lejos. Es algo extraño, pero aún no loo asumo completamente. Sé efectivamente que ella murió, que ya noe stá y no estará más acá, sin embargo una parte de mí no termina de asumirlo completamente. Recién ahora, después de dos días, sola frente al teclado he podido llorar tranquila... Sorry que use este medio, pero supongo que necesito desahogarme un poco.
El sábado cuando mi mamá me avisó estaba en el supermercado con mi hermana. Terminé de hacer las compras en silencio y me devolví a la casa. Entramos y nos sentamos al lado de mi mamá y nos abrazamos las tres, mientras se nos caían las lágrimas. Luego a limpiar la casa y correr los muebles para que ella entrara por última vez. No quise llamar a mis amigos (sólo una llamada sin respuesta) pues me sentía lo suficientemente fuerte y tranquila para afrontar esta prueba.
Fue extraño asistir a un funeral, pero viajando en el auto de compañía de la funeraria, justo detrás de la carroza. Yo estaba bien, tranquila, preocupada principalmente de darle ánimos y fuerza a mi mamá, que siendo hija única ahora perdía a su único pariente directo que quedaba vivo. Y en el cementerio mi hermana Karla leyó una despedida... y no pude ser fuerte aunque lo intenté. Las lágrimas se me escapaban de los ojos mientras a mi hermana le temblaba la voz... y el abrazo de una tía que me permitió esconder la cara me hizo más vulnerable y me dejé vencer por la pena... pero solo uno minutos, antes de recobrar la calma. Yo, que debía ser la fuerte, la que esperaba darle apoyo a mi mamá fui la única que se quebró y lloró frente a todo el mundo... y me carga llorar frente a la gente.
Ahora la casa está tranquila, mis papás en su habitación, mi hermana en la suya y yo en la mía... quizá todos fingiendo que somos más fuerte de lo que realmente somos, para tratar de darle ánimos al que está al lado...
Mi abuela era católica y creía en la vida eterna. Yo no profeso ninguna religión y creo en la reencarnación. Da igual cual de las dos esté en lo correcto, puede ser que ahora ella esté en el cielo o bien esperando por su próxima encarnación... lo que importa es que nos volveremos a encontrar, y espero poder darle las gracias por todo lo que hizo por mí, algo que no alcancé a hacer en esta vida.
Descansa... descansa Welita.